Si de safaris se trata, Kenia, África alberga los más importantes parques del mundo incluyendo Amboseli, Samburu, Tsavo y el Masai Mara.
Éste útimo es quizás el parque safari más famoso del planeta y donde se puede encontrar la más amplia variedad de especies de animales. Ningún viaje a Kenia estaría completo sin hacer este recorrido safari.
Al parque Masai Mara se puede llegar desde la capital Keniana de Nairobi ya sea en un corto vuelo en avión, o bien en una pequeña van en un recorrido de 7 horas desde la misma ciudad.
En el parque safari hay hoteles lujosos para aquellos que no pueden dejar atrás las comodidades del mundo moderno, pero también hay campamentos al aire libre con tiendas de campaña sin electricidad para los más aventureros.
A diferencia de los zoológicos urbanos, en los parques safari los animales se encuentran al aire libre, mientras los turistas hacemos nuestro recorrido enjaulados en vehículos safari.
Es importante mencionar aquí que la naturaleza auténtica del parque ha sido respetada a pesar del turismo, y las camionetas safaris (con capacidad máxima de ocho pasajeros) tienen prohibido salirse de los caminos señalados para preservar esa naturaleza intacta.
Desde la entrada al parque uno empieza a sentir la emoción, esa adrenalina compartida con el resto del grupo por explorar juntos el reino animal.
Las cebras se veían fuertes con sus tonos blanco y negro brillantes. Las cabezas de los mandriles se asomaban por el largo pasto y algunos otros nos observaban desde la comodidad de los árboles donde descansaban. Las gacelas y los impalas compartían la misma hierba donde se alimentaban y sus colores cafés rojizos de su piel acentuaban el lienzo de la naturaleza africana.
Pero el deseo principal de casi todos los visitantes al estar ahí en el safari, es ver al amo y señor de la selva: el rey león. No puedo mentir, para mí también lo era. Sin embargo, yo disfrutaba ver a todos los animales que se pudiesen porque estábamos en un parque original, no en un zoológico. Todos los animales ahí estaban en su hábitat natural y eso era ya un atractivo substancial.
Continuando el camino descubrimos 6 elefantes. Entre ellos, un recién nacido jugueteaba balanceándose sobre una roca. Los demás elefantes comían tranquilamente, ignorando que cerca de ellos nos encontrábamos admirándolos.
Y así fuimos viendo y conociendo a los habitantes de ese reino animal. Siguieron otros tan respetables e importantes como avestruces, búfalos, guepardos, jabalís, y jirafas. Cada uno presumiendo su particular belleza.
De repente el deseo se cumplió. Nos acercamos por el camino a unas rocas encima de una pequeña colina sobre la estepa. Ahí posaban majestuosamente 4 grandes leones.
Uno de ellos, quizás el líder del grupo, descansaba como un verdadero rey de la selva sobre la roca más alta. Nos observó seriamente, pero no se movió de su trono. Permaneció ahí dándonos la oportunidad de admirar su grandeza. En eso el gigante bostezó, soltando un rugido estruendoso que probablemente su eco llegó a varios kilómetros de distancia. Qué escena tan espectacular observar a tan solemne bestia en su hábitat natural.
A cualquier parte que uno voltea, la naturaleza se percibe infinita. Las colinas a lo lejos, el forraje de la planicie medio-alto, los distinguidos árboles de Acacia, las rocas rojizas añadiendo un poco de color al ambiente y el sonido del silencio, siendo interrumpido a intervalos por el viento entre las hojas, te llenan de esa paz y tranquilidad que se vive en ese mágico lugar.
Es la naturaleza en todo su esplendor. No hay ningún poste o cable de luz, nada de construcciones, nada de contaminación visual, no se escucha ni el motor o estéreo de un auto deportivo pasar, nada. Me sentí tan relajado y en paz como no sentía en mucho tiempo. Ese sentimiento era la máxima definición de “Hakuna Matata,” que en swahili significa “sin preocupaciones.”
Siendo la continuación natural del Serengueti en Tanzania y teniendo como columna vertebral el Río Mara, una parte del parque Masai Mara es sede también de la migración anual de ñúes y cebras durante los meses de julio a octubre. En las chocolatosas aguas del río pueden apreciarse hipopótamos chapoteando y muchos cocodrilos descansando en sus orillas.
Antes de regresar al campamento, nos detuvimos en una aldea Masai que quedaba muy cerca. Ahí convivimos un poco con sus habitantes, y uno de los líderes de la tribu nos dio un recorrido por el lugar.
A pesar de que les siguen llamando guerreros, los Masai operan más como pastores de rebaños y son una importante atracción turística para los visitantes del parque safari.
El líder de la tribu nos dejó pasar a su hogar, una pequeña choza con paredes de lodo y un techo muy bajo de arcillas, que principalmente usan para dormir, guardar sus utensilios y cocinar.
Las mujeres de la aldea, por su parte, nos concedieron una pequeña muestra de baile y cantos vernáculos que disfrutamos y enseguida fuimos a ver su mercado de artesanías.
La mayoría del dinero que reciben los Masai lo obtienen al vender artesanías a los turistas y de donaciones de extranjeros para construir escuelas y comprar alimentos, medicinas, y útiles escolares.
Como en muchos destinos, hay temporadas altas y bajas. La mejor época para visitar los parques safari de Kenia es en los meses de abril y mayo ya que es el final de la temporada de lluvias, no hay muchos turistas, los precios son más accesibles y los paisajes naturales de la sabana africana se ven impresionantemente verdes y floridos.